lunes, 4 de enero de 2010

Mi infierno diario


Comienza el día con el himno nacional. A pesar de ser un tema que me regocija en demasía, al parecer cuando suena sé que no es para algo bueno. Como sé que tengo tiempo me quedo 10 minutos meditando. Luego del ceremonial de la bandera matutino se viene el baño. Para despertar correctamente y llenarse de pila para el resto del día. A continuación, penúltimo ceremonial diario se viene el vestirse y cepillarse. Finalmente el recorrido al infierno.
El trayecto tiene una duración de aproximadamente 40 min. Perfectamente cronometrado para llegar al infierno. Somos los mismos que siempre vamos camino al infierno, constantemente encontrándonos en el mismo trayecto. Todos y cada uno nos miramos y vemos en cada uno el permio o castigo que nos toca. En mi, evidentemente se viene el infierno, mi rostro lo expresa de sobremanera. Cuando llego al lugar donde debo de bajar del vehiculo de la muerte somos aproximadamente 5 los enjuiciados que descendemos, pero solamente soy yo el condenado al infierno.
Luego de descender, la gravedad de la tierra al parecer aumenta. Mi cuerpo se siente mil veces más pesado de lo normal, un paso se vuelve más pesado que el otro. Llegando a las puertas del infierno me piden mi pase para ingresar. A pesar de ser el lugar del demonio, no todos tienen acceso. Solamente los “seleccionados” podemos entrar en él. Como por si fuera poco, tengo que tener un código para permanecer en él.
Siendo puntualmente las 8am, ingreso mi código y comienza la tortura. Uno y otro caen los latigazos sobre mi cabeza. Son de esos golpes que son rápidos pero certeros, que no dejan huellas visibles, que al parecer no se ven, pero por la cantidad en la que vienen al final te dejan más que abatido. Luego de un intenso castigo se viene el horario de almuerzo.
Una hora para comer y descansar, pero tanto es el sufrimiento que uno piensa más en que tiene que volver, antes que en el descansar. Una hora después, vuelta entre los fuegos de Lucifer. Parece reducir la temperatura, pero al ver que se acerca el final del dia la tortura se hace mayor, los deseos de ver el cielo hacen parecer que los minutos parecen eternidades en el cual la luz al final del camino no parece existir.
Cuando finalmente llega el final del camino, parece que todo ha terminado, que nunca más se verá este 8vo infierno en del cual recién he salido. Pero no, es allí donde comienza la tortura psicológica. La labor mental del infierno. Es donde te das cuenta que en menos de 12 horas comenzara todo nuevamente, el pensar que mañana será de nuevo el infierno el que ocupe casi todo tu día.

PAZ Y BIEN A ERE EREA