lunes, 18 de enero de 2010

La llamada


Horario de almuerzo. Vale la pena aclarar que era mi primer día en el nuevo laburo. Más que feliz por los nuevos desafíos que poseo. Caminaba por la calle palma buscando el restaurant que había recomendado el supervisor que no era tan costoso. Después de dar tantas vueltas el infierno de concreto ya no me sentía con mucho humor, solamente almorzar deseaba. Mientras lo hacía revise mi celular y vi las llamadas perdidas de ese número.
Por un momento quede petrificado, no sabía que hacer. Después de meditar un rato, sabiendo lo que deseaba, retorne el llamado. Como me lo había supuesto hizo la petición que pensaba, que dicho sea de paso mucho no me agrado. Con una molestia evidente que no notaba mi interlocutora me despedí más que amablemente y corte el llamado.
Lo que me solicito no es necesario comentar. Quien es tampoco. Ahora bien, no discuto que muy a pesar mío cumple a cabalidad su función. Pero yo me pregunto, ¿Yo que tengo que ver? Comprendo muy bien que soy el único que puedo cumplir con lo que me solicitas, pero ya no es mi obligación ni deber. Ya hace mucho que esa dejó de ser mi trabajo, se que lo hacía bien, pero ya no es mi competencia.
El problema esencialmente radica en que como ya no es mi trabajo y no tengo que hacerlo, pero como esta persona me lo pide no puedo negarme. Es más difícil de lo que parece ya que por cierto respeto no se puede decir que no. O más bien no sé como indicarle que no es mi responsabilidad, que si lo hago no sería además lo correcto por el contexto.
Lastimosamente cumpliré con la petición, y la cumpliré como debe de ser. No porque así lo desee, sino porque aun no me atrevo a decirle que no tengo más nada que ver con lo pedido y que puede buscar correctamente a otra persona para la labor.

PAZ Y BIEN A ERE EREA